"Son siete historias entrelazadas, no van cronológicas, se van presentando casi temáticamente. La obra está dividida en tres grandes partes: Una es la memoria, ahí se recuerda a los desaparecidos, a los familiares y amigos que cayeron; la segunda parte es sobre las mujeres en lucha, ese papel importantísimo y especial de la mujer que lucha de distintas formas; el tercero es más del día a día en el frente y en la ciudad también", coreógrafa estadounidense.
Anne Bluethenthal junto a Luz Mena.

El 17, 18 y 19 de marzo de este año se estrenará, en la Gran Sala del Teatro Nacional de San Salvador, la obra “Andares: Una combinación de música, danza y teatro por la justicia y la reconciliación”, creada sobre relatos de jóvenes que se incorporaron al movimiento revolucionario durante la guerra civil salvadoreña de los años ochenta.

“Andares” es una coproducción de la Secretaría de Cultura y ABD Producciones de San Francisco, CA, a la que pertenecen la coreógrafa estadounidense Anne Bluethenthal, directora artística de la obra, y la científica social salvadoreña radicada en California Luz Mena, directora asociada.

La obra ha sido creada sobre la base de los testimonios de Godofredo Echeverría, Patricia Morales, Ennio Sol, René Muñoz, Luz Mena, Mauricio López Guillén y Roberto Gómez. Será interpretada por la Compañía Nacional de Danza (CND) con música creada e interpretada por López, Muñoz y Sol, con la participación del percusionista invitado Víctor Damián Martínez y la voz de Natalia Ventura.  Los testimonios son narrados por un actor y una actriz, ambos de reconocido prestigio: Leandro Sánchez y Mercy Flores.

La coreógrafa estadounidense nos cuenta más sobre la producción.

¿Qué significa “Andares”? ¿Cómo nace la idea?

Esto empezó hace tres años, cuando estaba pensando o concibiendo una pieza sobre el concepto del perdón, sobre la conexión del perdón personal con la cuestión geopolítica y global.

Durante el proceso estuve colectando historias sobre el perdón relacionadas con una variedad de contextos en una plataforma web y contraté como colaboradora a Luz Mena, académica especializada en cuestiones sociopolíticas de Latinoamérica, quien estudiaba danza conmigo. Nos volvimos amigas. Al traerme historias sobre El Salvador que eran muy emocionantes, profundas y convincentes me comentó de lo complejo e interesante que sería explorar el concepto del perdón en el caso de El Salvador de la posguerra. Le dije que hiciéramos un proyecto sobre esa reflexión y así nació “Andares”.

Le pregunté a Luz ¿Podemos ir a El Salvador a hablar con la gente? Lo dije porque no tengo la ética de usar historias de otras personas para mi obra sin que haya una relación. Yo le había dicho a Luz “Vamos a El Salvador solamente para hablar con cualquier persona sobre este fenómeno”, no entendiendo lo dificultoso que hubiera sido ese acercamiento. Luz se comunicó con amigos excombatientes y amigos artistas, y así comenzó a formar lo que se convirtió en nuestro grupo de cocreadores.

Cuando llegamos a El Salvador me di cuenta que la verdad es que no eran cualesquiera personas. Eran gente extraordinaria con historias articuladas, y con pensamientos muy claros y complejos, con el deseo de trabajar juntos inmediatamente en un proyecto sobre esta época de historia de El Salvador; eran personas que habían sido instrumentos en la revolución y que continuaban luchando por sus ideales, ahora promoviendo cultura. Muchos son artistas actualmente.

Después de una semana de hablar con cada uno, nos reunimos todos y me preguntaron ¿qué vamos a hacer? y nosotras dijimos ¿qué quieren hacer ustedes?, es así  como empezamos, ¿Qué queremos decir juntos?, ¿Qué puedo hacer yo en Estados Unidos para facilitar este proceso?

¿Qué tipo de testimonios fueron los que les contaron?

¿Inicialmente? porque las entrevistas duraron un año y el proceso fue evolucionando a lo largo de ese tiempo. Primeramente trajimos una lista de preguntas relacionadas con el perdón, pero de entrada se cayó la idea de abordar el proyecto desde ese ángulo.

Nos dijeron que la cuestión era muy compleja, que la exploráramos desde el principio. Nosotras dijimos “está bien”, y empezaron a contarnos sobre el trasfondo de cómo comenzó esto, desde los setentas, cómo fue evolucionando y después nos hablaron sobre la participación de ellos. Y a medida que fuimos escuchándolos fuimos haciendo otras preguntas, dejando que en nuestra mente se fuera perfilando un objeto de arte. Reorientamos el proyecto hacia lo cotidiano, al día a día, a lo más humano de este movimiento revolucionario, a las contradicciones, cómo se resolvían, cómo aguantaban, cómo se mantenían inspirados, ese tipo de cosas, y colectamos 200 páginas de testimonios que leímos y releeímos, y la redujimos a un guión de 12.

Luz y yo hicimos un gran esfuerzo al tomar esas experiencias y traducirlas en movimientos de danza que expresan realmente el sentimiento de lo que se quiso decir.  Presentamos la obra inicialmente en el Festival Internacional de Arte en San Francisco en el 2015. He enriquecido la coreografía y le hemos aumentado material de los testimonios al guion para presentarlo en El Salvador, pero la estructura está increíblemente intacta.

¿Después de todos estos cambios, a qué hace referencia toda la obra?

Son siete historias entrelazadas, no van cronológicas, se van presentando casi temáticamente. La obra está dividida en tres grandes partes: Una es la memoria, ahí se recuerda a los desaparecidos, a los familiares y amigos que cayeron; la segunda parte es sobre las mujeres en  lucha, ese papel importantísimo y especial de la mujer que lucha de distintas formas; el tercero es más del día a día en el frente y en la ciudad también.

Abrimos la obra con el tema de la migración porque creemos que la migración es un tema que está aquí todo el tiempo, continúa de distintas formas.  Mucha gente ha venido y se ha ido de aquí. Muchos se fueron y regresaron. Dentro de la revolución misma, la gente salió a otros países centroamericanos y del Caribe, y luego regresaron. Entonces la obra comienza con una migración y termina con una caminata, por eso “Andares”.

Patricia Morales, que trabaja en la Secretaría de Cultura y que forma parte de los testimonios de “Andares”, me contaba el interés de esta obra para El Salvador ya que recoge parte de la memoria histórica que está perdida, que está entre le gente y que no se ha logrado sacar todavía. Además, el espectáculo ha sido diseñado principalmente para los jóvenes, para que ellos conozcan qué fue lo que se vivió, cómo fue que pasó y por qué ahora están así, por qué aún entre tantas situaciones difíciles que se viven es diferente a ese tiempo que se vivió.

Desde mi perspectiva como una persona que no es de aquí (de El Salvador), que no estuvo en las líneas del frente, que no estuvo en la ciudad ni vivíó esta situación, participo en el activismo trayendo historias que no han sido contadas porque han sido reprimidas y no las conocen las dos siguientes generaciones, por eso es importante aprender de las dificultades de la historias personales y de las dificultades de la justicia. No son solo historias que no conocen los más jóvenes porque no estuvieron allí, sino porque han sido silenciadas. Estas historias no son solo para el conocimiento, sino también para la sanación. Porque si no son escuchadas, no puede haber una sanación, es ahí donde se hace una repetición de la historia.

Desde la perspectiva de alguien que no ha estado en El Salvador, ha sido importante para mí no solo captar las historias y las realidades sino también el panorama emocional que corta la idea de los políticos para llegar al corazón de la gente, que conecta a la gente y los ideales a través de un profundo deseo de reconocimiento de la justicia, de celebrar la interconexión humana.

Leí que “Andares”, hace referencia a la justicia de El Salvador. Cuénteme sobre eso.

La justicia que se busca en “Andares”, tiene que ver con la libertad de expresión. Había una represión feroz, como dice el guion, no se podía protestar, no se podía decir nada sin sufrir duras represalias, incluyendo la muerte.  En la obra tenemos escenas donde los estudiantes tratan de protestar y el ejército se los acaba. Esa es una de las formas importantes de justicia: La libertad de expresión. Que la gente pudiera decir lo que pensaba.

La otra es la representación de todo el mundo en el sistema político. Luz me explicó que El Salvador tiene una historia colonial muy larga, con historias de clase muy fuertes en donde los poderosos y la gente de dinero dominaba la representación política y social, incluyendo el derecho de votar. Como había tanta gente que no sabían ni leer ni escribir ni sabía cuál era su papel, no sabían que tenían derecho a ser representados. No se representaba a toda esta gente. El movimiento revolucionario buscaba incorporar a esa gente más en el sistema, que pudiera hablar, votar y para eso tenían que alimentarse mejor también. Entonces la justicia también tiene que ver con la distribución de recursos.

Además de relacionar las dificultades de la unión y la justicia social, “Andares”, busca la verdad de los crímenes imprescriptibles que ocurrieron, los que no se pueden perdonar legalmente.  Miles de personas desaparecieron y sus familias aún no saben qué pasó.

Luz agregó que hay crímenes que se cometieron de los que no se habla, no se abordan, y de los que nadie se ha hecho responsable, que para la cuestión de la justicia es también muy importante saber la verdad, tomar responsabilidad de lo que pasó y que se haga justicia, en particular en el tema de los desaparecidos. “Después que mataban a la gente sus familiares no sabía dónde estaban, dónde los enterraron, cómo murieron, dónde están ahora, hay muchas familias que aún no han enterrado a sus muertos”, me dice.

Hablando de los testimonios ¿cuál es el que más le ha tocado el corazón o cuál la estremeció?

Es difícil porque son tan distintos, ahora son todos como una familia y es como decir cuál hijo quiere uno más. Por ejemplo, la cuestión de la pérdida es tan conmovedora y profunda en unos testimonios, mientras que en otros la cuestión del amor es tan profunda y bella.

Cada persona rompió mi corazón y se lo llevó en diferentes formas. Patricia Morales trajo el corazón de la cotidianidad pero también las dificultades de la mujer (mujer y lucha). Roberto Gómez, que trae la historia de los años setenta, nos regala mucha sabiduría y la ternura profundísima de un hombre que pareciera no ser tierno. Ennio Sol, que es abogado ahora, y que combina la cuestión de la legalidad con sus propios sentimientos de pérdida y de indignación.

Rene Muñoz, que es también de la Secretaría de la Cultura,  profesor del CENAR, y que se incorporó a la lucha a los 17 años, era músico y dice que quería “un mundo mejor”, quería libertad y se metió a militar cuando en realidad era músico. Habla de su miedo de estar en la guerra, en esa violencia y de cómo razonaba lo que estaba haciendo.

Godo (Godofredo Echeverría) era de la Banda Tepehuani. Él cuenta su participación dentro de la revolución. El es muy poético y lírico, y tiene una forma de narrar que es muy linda.

Mauricio y Luz no estuvieron en el frente sino que participaron dentro de la ciudad, como colaboradores, en cuestiones de correo y eso. Mauricio y Ennio traen además la importantísima y bellísima cuestión indígena con sus flautas prehispánicas.

¿Por qué se dice que “Andares” es una verdad cautiva y difícil?

El sentido de esas palabras es que las historias son a veces complejas, difíciles de digerir, pero por eso mismo cautivan a la gente, atraen al público e impresionan.

Luz me decía que son difíciles porque la verdad no es sencilla nunca, es siempre compleja porque tiene muchas perspectivas, tiene muchos ángulos y aquí todos comparten historias. Este proceso colectivo está basado en compartir y aceptar las distintas perspectivas, conclusiones, ideologías y seguir todos, como dice Godo: “seguir todos por el camino de la justicia, y el amor por la vida”.

Explíqueme la combinación de las artes que incluye “Andares”, porque lleva teatro, música, danza y los testimonios.

Es música, baile, texto hablado y poemas. Tomé varios poemas de Roque Dalton y los puse juntos en una especie de mezcla. Lo hice en inglés y después lo tradujimos al español y es muy lindo. Lo dicen tanto los actores como los bailarines.

Los dos actores salvadoreños representan una multitud de personajes, a los siete que han dado sus testimonios. Ellos, Leandro Sánchez y Mercy Flores, no son solo un hombre y una mujer, están continuamente representando distintas personas, lo cual es un reto para ellos, una forma distinta de teatro que no solo va entrelazando estas historias entre sí sino también entre distintos géneros, como lo son el teatro con la danza y la música. Estos muestran desde la disciplina diaria en el ejercicio militar hasta la mezcla emocional de estar alerta a lo que pueda pasar, y a la vez estar totalmente determinado a darlo todo por la solidaridad y el amor. Lo que esperamos es lograr captar la totalidad de estos testimonios y vivencias.

No pretendemos decir todo, sino llegar al corazón de las historias con la música, el baile y los demás aspectos; esperamos que esto cree un espacio para que las comunidades empiecen a hablar todo lo que tienen que decir.

¿Cuál es el llamado que hace la obra a El Salvador y al mundo?

El llamado es a hablar, dialogar, no cerrarse, ese es un proceso que nosotros desarrollamos como grupo, como equipo, creamos un espacio para que se diera eso, y la esperanza es que la obra abra espacios a nivel nacional e internacional. Que la gente hable, que den espacio a la verdad y que la justicia sea considerada como un derecho humano.

¿Cómo va el trabajo con la Compañía Nacional de Danza?

Es un honor y un sueño hecho realidad trabajar con bailarines salvadoreños, contar con el apoyo de la compañía de la Secretaría; lo siento como un regalo. Es muy importante ser objeto de esta confianza y de esta oportunidad. Este es uno de los honores más significativos de mi  vida. Estoy impresionada con los bailarines, es una compañía fuerte, disciplinada. Son deliciosos, y son tan capaces y comprometidos con su trabajo. Con ellos he podido desarrollar y enriquecer la coreografía.

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